A pies juntillas


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Son casi las diez de un fin de semana de celebración gitana. Cuando te paras a pensar en todos los tópicos de la crisis de los treinta, no son más que eso, reflexiones que para unos pueden ser muy certeras y para otros no son más que papel mojado. Yo estoy en el segundo grupo. Nunca me ha importado cumplir años, aunque no todos los años han sido tan buenos como estos. A decir verdad mi entrada en la treintena no ha sido buena, ha sido espectacular. La razón principal sois todos vosotros que os pusisteis de acuerdo para montarme un flashmob, que me recibisteis con velas, que comprasteis un montonazo de regalos y me alegráis la vida a diario. Ver como una de mis mejores amigas se grabó bailando en su salón de casa para que todo los demás componentes se aprendieran la coreo no tiene precio. Que Arthur mantuviera el secreto y orquestara a un grupo de jóvenes promesas tampoco. Que el resto se sumara a este pedazo de regalo, sin palabras.

No sé que me deparará el futuro, pero el presente no me puede hacer más feliz. Todavía me sonrojo cuando recuerdo mis 18 junto a Esteban, ese streaper sin excepción bailándome en el salón de casa. Ayer, metida en el ascensor con Bárbara temía muy mucho por mi integridad y su sorpresa, pero el regalo no pudo ser mejor. En mi cabeza Esteban aparecía con su taca taca quitándose la ropa, nada agradable por cierto.

El propio día diez tuvo grandes momentos, como montar uno de mis primeros eventos en un sitio muy especial, brindando con champagne francés con dos  de mis mejores ejemplos a seguir  debajo de una bóveda coloreada. Saboreé comida cubana y recibí mi primer vuelo en globo, con cara de miedo y amor a partes iguales. Hubo llamadas y mensajes de todas las personas que me importan y mucho.

¿La crisis de los 30? En mi caso no ha asomado la cabezota, me gusta en lo que me he convertido tras mi carrera de obstáculos de los últimos 8 años. Solo puedo agradeceros todos los esfuerzos, los detalles, los regalos y sobre todo formar parte de  mi vida. Una persona muy especial me dejaba por escrito ayer que esta década es la de ser quien eres y hacer realmente lo que te de la gana, yo la sigo a pies juntillas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Increíble es poco


Estaba mirando el espacio para escribir el título de este post y no se me ocurría ninguna palabra que por sí misma describiera el año 2015. Sé que suena típico pero cuando tu año ha sido una maratón de cambios y de cosas buenas es difícil de definir. Miro a mi alrededor y me encuentro sentada en una butaca con orejas en un salón que hasta hace poco no era el mío y pienso en la suerte que tengo.

Todos los que me conocéis sabéis todo lo bueno que me ha pasado durante este año que termina en unas horas, y unos pocos habéis compartido conmigo las dificultades que todo cambio trae consigo. Me habéis escuchado y empujado, me habéis animado y abrazado en los momentos de incertidumbre y habéis saboreado conmigo las victorias. Si pienso detenidamente, solo hay una constante que se mantiene y sois todos vosotros.

He pasado muchos nervios este año y le he dado muchas vueltas a como sería atreverme a saltar. ¿cómo se verían las cosas desde el otro lado? Hace casi dos años una persona me dejó fuera de juego al preguntarme ¿cómo te ves dentro de cinco años? y mi tímida respuesta no fue otra que la siguiente: “me veo trabajando en cliente y viviendo con la persona que quiera”. La persona que me hizo la pregunta sonrió.

Y de repente, en pocos meses, todo cuadra y suena el teléfono para preguntarte si quieres entrar en el proceso de selección de una importante multinacional. Sabes que no está todo hecho pero hay que intentarlo.

Y entonces la persona que te preguntó sobre tu futuro se muda a tu buhardilla y te apoya en todas las decisiones. Te abraza en los miedos y te soporta en los momentos de tensión. Celebra contigo que sí, que te han elegido y que cambias de etapa. Y todo se vuelve una espiral de despedidas y hasta prontos. Cancelas billetes y te embarcas de lleno en una nueva aventura. Asustada e ilusionada a partes iguales.

Pero te llegan mensajes de apoyo y voces sabias te dicen que confíes, que has trabajado duro y que ahora toca saborearlo y crecer. Y es ahora, desde el salón de casa cuando repasas mentalmente todas aquellas personas que me han ayudado por el camino y que siguen a mi lado.

Hace un rato leía como despedía mi AMIGA en mayúsculas Belén el 2015 y comparto todas y cada una de sus letras. Hay que disfrutar, saborear y querer con locura a todos aquellos que nos rodean. Todos los que nos levantan de los golpes y lloran de alegría con nuestros éxitos. El resto, es relativo, tan relativo como que no merecen ni media línea de mi balance anual.

Os dejo varios de los momentos más especiales del año: La entrega de llaves y firma de contrato en Chamberí. Mi despedida de Sörensen y los lagrimones. Mi Marti cuando le dije en aquel despacho que me iba. Una llamada desde París hace dos semanas que me dejó dando saltos de alegría por la calle. Cuando Babu cerró su contrato para ser una estrella de las ondas. El cumpleaños de Sarini. La comida con mi madre cuando recibí mi nuevo contrato. La llamada de Cristina en un taxi. La cena de despedida en Arts club y la carta que recibí de parte de Pablo. Berlín. Santander.  Asturias. Tazas de café con Miriam. La entrega de mis regalos traídos desde Japón por parte de las chicas. Ese bar de plaza de España con Oscar recién llegado. La canción de Marea cantando a voz en grito con Fito en su cumple.

Os quiero. Al año que viene no le puedo pedir más.

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Me gusta


Me gusta viajar contigo, las dos solas, enfrentándonos a nuestros miedos y contratiempos. Me gusta mirarnos y entendernos. También regañarnos mutuamente si hace falta y disfrutar de las cosas normales. Me gusta cuando me escribes a muchos kilómetros para contarme tu día o para decirme lo bonito que es Córcega. Me gusta que vinieras a verme el día de mi cumpleaños y pusieras piedras en mi montaje para que yo pudiera irme un poco menos tarde a celebrarlo. Me gusta cuando te abrazas a mi y te guardo el sitio a mi lado. Me gusta como me sonríes cuando aparezco por la puerta y cuando opina lucidamente. Me gusta cuando me cantan a coro Angieeeeee. Me gusta el café que me preparas nada más llegar al trabajo y comer queso, comería siempre queso, cuanto más fuerte mejor. Me gusta comentar contigo las jugadas  y ver fotos de Alejandro cada vez más enorme. Me gusta verte por la mañana nada más abrir un ojo y echarnos unas risas por cualquier bobada. Me gusta que repitas de chocolate y de quiche y me mires con cara de no haber roto un plato. Me gusta leer sin mirar el reloj. Me gusta la ropa nueva y las cosas ordenadas. Me gusta cocinarte y saber que estás ahí, a mi lado, en el metro, en el sitio, en mis mejores citas. Me gusta viajar y sorprender. Me gusta perderme y no tener planes. Me gusta vaguear en la cama los fines de semana y despertarme en Santander a las doce de la mañana. Me gustas.

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Cara de tonto


Y entonces te quedas con cara de tonto intentando ponerle explicación a las malas caras, a los malos gestos y en conjunto a la mala educación del entorno que nos rodea. Se te aplana la cabeza y te vuelves un cristal translúcido. Te quedas sin sonrisa y con cara de pocos amigos. Da igual en el autobús o en el metro, con mayores o menudos, siguen señalando las paredes y los cristales. Pintan con graffiti las ventanas y rellenan los ojos y sacan la lengua. ¿La respuesta? Preguntémosle al Joker.

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Gracias


Sentada tras los cristales, la luz ilumina toda la habitación, con la mesa llena de cosas y mi sudadera de Reno Magdaleno, que 28 me parecían suficientes como para agenciarme una y pasar del que dirán. Una botella de agua mineral, vitaminas, el móvil y la cartera, tan pelada como de costumbre.

Y entonces repasas que ha sido de tu vida estos últimos meses, exactamente los últimos doce y te das cuenta de que ha sido un año cojonudo. Comenzó raro, lejos, en otro país para ser exactos y ha sobrevolado varias ciudades. Voló a Marrakech, descubrió el desierto, viajó a varios festivales y se hizo un huequito en el norte. Recorrió Oporto y volvió a la playa. Pero con la mente en el mismo sitio, mirando alto. Saboreando como hacía mucho tiempo las pequeñas cosas. Rodeada de personas que me van mostrando sus valores poquito a poco, que sonríen con toda la boca y que miran transparente. 

Dejando atrás lastres, gente tóxica y creciendo. Aprendiendo a que las cosas nos afecten en su justa medida y dando mucho más peso a los que nos alegran la vida. Compartiendo éxitos y celebraciones. Festejando nuevos trabajos y oportunidades y dando la espalda a todo lo que no nos hace felices. Intentando sobrevivir al entorno, a las malas caras y al no poco esfuerzo que nos cuesta sacar adelante los proyectos y sonreír al día a día.

Pero entonces, llegas a casa, a tu antigua buhardilla, que ha sido “invadida” y se duplican copas, toallas y albornoces colgados sobre el tirador de la puerta. Y se entremezclan los sueños y las risas. Subo la música y bailamos en un universo paralelo, en el último piso de una casa antigua, con ventanucos al cielo. Donde el orden se vuelve caos ordenado y la calma protagoniza los últimos acordes de cualquier canción.

Comentaba hace días que no podía pedirle mucho más al 2015, que no sería coherente, pero creo que hay algo que si debo plantear, aprender de todos los golpes de 2014 para ser mucho más fuerte los próximos 365 días con las personas que me demuestran a diario, lejos o cerca, que están a mi lado.

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Solo puedo decir gracias.

 

 

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Medio año…y sumando


Y es entonces cuando te das cuenta que todo encaja. Cuando has recorrido muchas calles laberínticas y varios países para llegar a esta orilla. Cuando has trepado hasta el árbol más alto y has excavado hasta las máximas profundidades para equivocarte. Es en este momento cuando todo tiene el sentido que nunca le encontraste a nada. Justo cuando todo suma si él esta a mi lado. Me río cuando pienso que Fito ha tenido que sacar nuevo disco para que yo camine sobre mis zapatos aunque siga mirando al cielo. Que cuanto más cuesta arriba es el camino y los obstáculos se convierten en protagonistas apago el portátil y alguien adivina mis “peores” pensamientos con solo mirarme. ¿Lo mejor de todo? que no lo esperaba.

Medio año… y sumando.

Mediterraneamente hablando


Es verano, si si, es verano. Oficialmente hace un calor de mil demonios en mi buhardilla bucólica que intento sobre llevar con una maquinita genial de aire acondicionado. Es verano para road trips, o viajes en coche a Barcelona en primera instancia. Por fin me estrené en Bla Bla car y fue bastante bien el viaje.

No está nada mal hacerse un trayecto Madrid-Barcelona y Barcelona-Madrid por 60€ y no demasiadas horas de coche. Los compañeros de viaje fueron educados y llevaderos. Unos más llevaderos que otros jaja. Disfrutar de un festival como Cruilla en viaje exprés fue una pasada. Cargados con las mochilas al hombro everywhere recorrimos el metro de la capital catalana y nos cantamos todo Vetusta. Nos besamos en Band of Horses con mochilas y cerves a cuestas y nos despedimos de los mortales antes de que Violadores del Verso salieran al escenario.

Nos sorprendió la habitación A3, que queréis que os diga, yo sin mis cuatro aros allá donde vaya no soy nadie y un magnífico desayuno completamente gratuito a las 13:00 de la tarde del día siguiente. Pateamos Barcelona con unos compañeros de viaje de excepción, si sí, va por vosotros. Nos tiramos en el parque a comer hamburguesas al más estilo europeo de cual caracoles al sol. Y cual tipycal Spanish preparamos bocatas para cenar a ritmo de la música. Las vistas con la luna en lo alto reflejada en el mar no tenían precio, al contrario que mi iphone que desapareció durante el concierto de Berri Txarrak. Como colofón final, sentadita en un peldaño de escenario, contaba los minutos para dejar de escuchar Za! pero con la rabillo del ojo contemplaba embelesada como a mi alrededor la gente disfrutaba de tal excentricidad.

Desayunados y  con el traje de baño puesto nos cruzamos la urbe para llegar a la playa y darme el primer chapuzón del verano. Dicho y hecho comimos cual familia playera en domingo “mediterraneamente” hablando.

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Sin duda, repetiremos.

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6 anni fa!


Hace seis años que comencé el blog. Trabajaba en una productora con gente increíble. Increíbles en muchos sentidos, gente muy profesional y peculiar a la vez. Ha habido dos personas que me acompañaron desde entonces y que leen este blog de vez en cuando.

Dos personas que me han ayudado a crecer, que me han escuchado en muchos momentos y me han enseñado a ser más fuerte. 

Hoy desde mi trabajo de ahora veo con perspectiva estos últimos seis años y me veo cambiada pero con la misma esencia. Con las cosas claras, con ganas de seguir aprendiendo y con poquitos pelos en la lengua. También me acuerdo de Amy bajándose de un taxi a varias manzanas de su antigua casa y a una oveja sin parar de cantar Rafael y comentando la jugada con cualquier taxista que se precie.

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Dormir es de débiles


De pronto el sol ilumina toda la habitación, se cuela por el ventanuco del techo, entre tabla y tabla. Abres un ojo y descubres que toda la mesa está llena de paquetes, de envoltorio arrugado y de lazos deshechos. La ropa está tirada, repartida por el salón y a los pies de la cama charla con los cojines que han decidido huir al suelo.

De pronto ves como ese cierto caos se va apoderando de tu día a día y te gusta. Como llevas semanas sin limpiar lo que deberías y sin retomar tus rutinas deportivas porque no te aportan tanto como antes. El sueño se acumula en un tarro en la nevera, junto a las baldas vacías que llevan semanas haciendo eco. Las canciones resuenan es spotify y te lo cantas todo dentro y fuera de la ducha.

Haces equilibrios encima de un taburete con cuidadito de no caerte. Abres regalos, cierras capítulos. Te cuelas en ascensores que te hablan.  Pero con una máxima muy muy clara: dormir es de débiles.

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Entre perros y bicis


Suena a título de coña, pero ultimamente no ha sido tan “de coña” como suena. ¿Os acordáis del post de las mejores noches del año? pues bien, puede que tengamos la continuación. Ultimamente a mi alrededor hay muchas personas y todas con el mismo denominador común (género masculino) que sueltan cosas sin ton ni son. Entablan conversaciones que según les escuchas, tus ojos, cual muñeco animado, se te salen de las órbitas. Descartas reírte en su cara por educación y no por falta de ganas.

Ha habido de todo, desde bicis estáticas que nunca llegan a casa y perros como regalo. También tuvimos el momento cumbre,  cuando alguien me dijo que estaría muy guapa embarazada entre calada y calada. Sinceramente, hay que tomárselo a risa. He tenido un momento denominado “bocata de calamares” o proposición de cita en El Brillante, que como sabéis es un sitio romántico y delicado por excelencia. Imaginaros por un momento cualquiera de estas proposiciones y obsequios desde mi 1’58 de estatura. Con cara de pocker, algunos levantarían una ceja y otros decidimos que game over.

El otro día comentaba con una de mis mejores amigas que podría ser algo generacional o que simplemente estamos más perdidos que un pez en una jaula, pero ahora al ponerlo todo por escrito, creo que es meramente circunstancial y que como decían nuestras madres de pequeños, o al menos la mía, piensa antes de hablar, como máxima.

¡feliz noche!

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