Ultima parada: Delhi


Nuestras últimas 24h en India no fueron nada parecidas al resto del viaje. Tuvimos el privilegio de disfrutar de una noche en uno de los mejores hoteles de Delhi. Nos recogieron en el aeropuerto y nos subieron a un SUV en el que el wifi iba más rápido que en todos los que habíamos utilizado durante las dos semanas. Nos ofrecieron agua mineral y prensa internacional. 
Al llegar a la puerta nos preguntaron si solo Llevábamos este equipaje y los dos asentimos divertidos al ver la cara de asombro de los porta maletas.

La habitación era mucho más grande que cualquier otra que hubiéramos visitado anteriormente. Era preciosa y tenía piscina privada en la terraza. Nada más cerrar la puerta tras habernos enseñado cada rincón del piso nos reímos a carcajadas. Era increíble cómo se pasa “de nada a todo” en pocas horas.


Tras estos párrafos banales y disfrutones poníamos fin a un viaje increíble. Duro, muy duro, India es esa bofetada de realidad, de olores fuertes, de miradas penetrantes y caos. Pero también es esa mano amable, es su colorido y su paisaje. Es la gente que te sonríe mientras tu mandíbula se desencaja en cada esquina y en cada callejón. Es multitud de historia, de religión como forma de vida, de sabores y rituales. 


Lo hemos disfrutado, lo hemos recorrido pero sobre todo lo hemos luchado. En cada parada, en cada tramo y en cada ciudad nos dimos cuenta de que íbamos siendo un poco más sabios, más altos y más mayores si cabe. En nuestro caso no creemos que la India nos haya cambiado pero si te da una perspectiva monstruosa de lo que nos rodea a kilómetros de nuestro sofá de ikea. De cómo vive y sobrevive el resto del planeta mientras nosotros nos quejamos diariamente por nimiedades. 


Sin duda es un viaje tremendo que no vamos a olvidar en nuestra vida y si consigue que todos los días tengamos un pequeño pensamiento sobre lo vivido habremos conseguido ser un poco más conscientes de la realidad.

La recta final 


Nuestra llegada a Fatehpur-Sikri fue algo accidentada, uno de los componentes del equipo estaba enfermo, pero aun así continuamos nuestro itinerario a duras penas. 
Visitamos un palacio donde temporalmente se trasladó la corte del emperador Akbar. Este emperador era algo libertino y tenía tres esposas una hindu, una cristiana y una musulmana y tenía un juego predilecto: jugar al escondite con ellas. 

La segunda parada era una de las más esperadas: el majestuoso Taj Mahal. Aunque dos de sus torres estaban limpiándose sigue siendo tan impresionante o más que en las fotografías. Su mármol blanco deslumbra y toda la talla de su superficie, incluso su puerta principal es alucinante. Visitarlo era uno de mis sueños y lo conseguí pese al mal cuerpo.


Al acabar la visita, más corta de lo que nos hubiera gustado, nos acercamos al fuerte. Una gran construcción de arcilla roja en la que vimos el atardecer. 


Una vez más en este viaje teníamos que coger el tren dirección Varanasi. Esta vez el trayecto debía durar 12 horas y salir a las 22:40. 

Sin embargo la suerte no estaba muy de nuestro lado y salimos tras cambios de anden a las 2:30 de la mañana. No sin quedarnos adormilados en el suelo de la estación como otros tantos lugareños. 


A las 17h llegamos a Varanasi, a la salida de la estación descubrimos lo que en tantas guías habíamos leído que era una ciudad caótica, una bofetada para los sentidos, siempre en continuo movimiento. Tras coger un Tuc tuc llegamos al hotel que tras las 18h de viaje nos pareció el Paraíso. Con Piscina y jardín era todo lo que podíamos desear. 

A la mañana siguiente fuimos a ver realmente la cuidad. Visitamos el Durga Temple, todo de color rojo y con una feria a su alrededor. Después nos acercamos al Assi Ghat y descubrimos lo crecido que estaba el ganges. Normalmente puedes recorrer sus 84 ghats de uno a otro con la crecida del río era imposible, ni siquiera salían las barcas al amanecer.


Por la tarde nos encontramos con nuestros amigos de Ermua, una pareja encantadora que fuimos coincidendo en cada punto del viaje. Juntos fuimos a ver la ceremonia al ganges que se celebra en Dasashvamedha Ghat todas los días a las 19:00 de la tarde. Hacen ofrendas al río, a la Paz y a Shiva. Es muy curioso porque las barcas se amontonan y te sientas en ellas para ver la ofrenda y te dan velas con flores que salen flotando por el río para cumplir los deseos. 


A las 4:30 de la mañana abrimos un ojo para ir a visitar el ganges a la amanecer, con todo el esfuerzo y el sueño allá que fuimos los cuatro a despertar Varanasi. Recorrimos todas sus callejuelas hasta llegar a un balcón a presenciar la tímida salida del sol ya que estaba todo el cielo cubierto. Pero nuestra aventura no quedaba ahí, fuimos a visitar el crematorio Manikarnika, algo que siempre suena escalofriante pero que para ellos es un ritual para sus difuntos. Nos acercamos a la hoguera, tanto que nos rodeaban troncos, perros, cabras, vacas y los familiares de las personas amortajadas que cubiertos con sábanas blancas esperaban a la quema. No aguantamos más de 5 minutos pero sin duda es algo que debíamos presenciar para entender la realidad de Varanasi. 


Tras reponernos fuimos a visitar Sarnath, el templo donde Budha dio su primer discurso después de alcanzar la iluminación. Alrededor quedan varias ruinas y cimientos de los monasterios que rodeaban las estupas. Tuvo que ser un complejo alucinante antes de que lo saquearan.


Para finalizar el día recorrimos los alrededores del hotel e hicimos las últimas compras. Nuestro viaje estaba llegando a su fin.

En la capital de Rajastan


Al octavo día llegamos a Jaipur, el hotel nos decepcionó un poco porque muchos de sus servicios no funcionaban correctamente, aunque la habitación estaba bastante bien.  

Por la tarde tras coger fuerzas dos amables Indias nos llevaron a las puertas de la cuidad rosa. Su color rosa se debe a que el Maharajá de la época quiso mostrarle su hospitalidad al príncipe de Gales en siglo XIX.

La tarde del lunes la dedicamos a visitar el City Palace, un palacio enorme donde puedes ver los trajes y textiles que vestían los Maharajas así como la armería y las principales obras de arte. 

A la hora de cenar fuimos invitados a la casa de nuestro conductor y pudimos disfrutar de “mi gran cena India” jeje cuando llevábamos esperando un par de horas viendo como correteaban los niños a nuestro alrededor y habernos enseñado sus álbumes de boda, apareció una familia de Castellón. La familia contaba con cinco miembros con lo cual nos juntamos unos cuantos alrededor de la mesa compartiendo experiencias y consejos de viaje.

A la mañana siguiente quedamos con un guía que hablaba español en el Palacio de los vientos o bien palacio de la reinas, ellas podían observar todo lo de fuera pero nadie podía verlas. 
Más tarde nos acercamos a Amber Fort, un fuerte Mogol del siglo XVI muchos de los visitantes suben en elefante y hay mucha controversia con el trato que reciben los paquidermos. Es Un palacio maginifico.


La siguiente parada fue el palacio del lago, se mando construir cuando todavía no existía un lago alrededor pero su dueño gran amante de la caza decidido crear un lago artificial al que todos los animales se acercaran a beber.

El Jantar Mantar es uno de los cinco observatorios de instrumentos astronómicos que creo Jai Singh un emperador mogol amante de la astronomía. Donde encuentras relojes de sol, signos del zodiaco etc que se encuentran en funcionamiento.

Por último nos acercamos al Albert Hall actualmente un majestuoso museo que entonces fue un palacio que se creó para alojar a los huéspedes de lo Maharajas. 

Pushkar sin filtro ni aderezo


Abandonamos Udaipur bajo la lluvia y nos dirigimos rumbo a Pushkar. Es una ciudad Santa de peregrinación para los hinduistas. Tiene un lago artificial rodeado por ghats, escalinatas donde se celebran ritos hinduistas y los fieles se bañan para expiar los pecados. Los devotos tienen que visitarla al menos una vez en su vida.


Antes de llegar a Pushkar nos advirtieron que tuviéramos cuidado con algunos lugareños que querrían embaucarnos y pedirnos mucho dinero. Si algo es cierto es que en mi opinión es una ciudad rara, la gente al contrario que en el resto de lugares en los que hemos estado, no es demasiado amable y nos mira de forma diferente. 

Una de sus singularidades es que Alberga uno de los únicos templos Brahma de toda la India. Es un templo curioso formado por lápidas de mármol blanco, los fieles tocan la campana y hacen sus ofrendas a Brahma.


Por la tarde encontramos una terraza con vistas al lago llamada Laura’s donde cocinan platos españoles y occidentales además de indios. Sus dueños son encantadores y el precio es muy económico. 


Sin lugar a dudas para nosotros ha sido una ciudad de paso camino de Jaipur. 

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A orillas del lago Pichola


De camino a Udaipur teníamos que hacer una visita obligada al maravilloso templo de Ranakpur. Un templo Jainista que parece salido del libro de la selva, rodeado de montañas y una vegetación cada vez más tupida. Los jainistas tienen varios mandamientos: no mentir, no a al violencia, no al deseo sexual y no al apego de las cosas materiales. Y como normas para visitar su templo me parecieron muy curiosas las siguientes: no puedes entrar con artículos de piel ni con el periodo. 
Tras recorrer el templo de mármol blanco de arriba a abajo pasados por agua y con los pies empapados continuamos nuestro trayecto a Udaipur. No sin antes hacer una parada en Casa Manolo, un restaurante bastante humilde cuyo nombre se lo puso una profesora barcelonesa de español que daba clases por la zona.

Dos horas más tarde entramos en Udaipur, una ciudad famosa por su gran lago Pichola. Existen muchos Palacios en Udaipur pero sin duda el más majestuoso y uno de los más grandes de la India es el City Palace. Sus recovecos en las profundidades y los espejos colgados en muchas de sus estancias hacen de este maravilloso palacio un lugar muy especial. 


Para recorrer el lago cogimos un pequeño barco que en una hora te cruzaba a conocer una pequeña isla que fue el refugio de un antiguo Maharaja en el siglo XVII.


Una de las visitas que más nos llamó la atención fue la entrada al templo Jagdish Mandir en el que se estaba celebrando un ritual y todos los fieles veneraban a Visnu y a Krishna. A ritmo de tambores y campanas el templo vibraba con sus bailes y cánticos. Una experiencia digna de ver. 


Como anécdota a primera de la mañana nos acercamos a ver el turbante más grande del mundo (35 kg) en un antiguo Haveli restaurado. 


Para acabar el día y tras realizar algunas pequeñas compras, encontramos una azotea en la que sonaba Angie y la barbacoa estaba impresionante. El precio bastante asequible y rodeados de los mejores monumentos de la cuidad. 

Jaisalmer: aventura en la cuidad dorada 


Conseguimos llegar a Jaisalmer tras nuestro interminable viaje en tren. La llegada al Zostel Helsinki House no pudo ser más reconfortante una ducha gigante y una cama de 2×2, el cielo tras nuestro cubículo durante mogollón de horas.
Tras reponer fuerzas volvimos a la carga con un calor de mil demonios 39 grados. Recorrimos los tres principales Havelis de Jaisalmer, hay que aclarar que es conocida como la cuidad dorada porque todas sus construcciones se elaboran a partir de una arena de este color. Los palacios pertenecían a las principales familias de la zona que se enriquecieron con el comercio de opio, piedras preciosas y la ruta de la seda. 


Son increíbles las tallas en cada una de sus paredes, ventanas y recovecos. Más tarde nos dirigimos a la puerta de la cortesana “Tilom Ki Pol” que lleva al lago artificial de Jaisalmer que sirvió como reserva de agua durante años. 

Exhaustos volvimos a nuestra humilde morada a reponer fuerzas. Aunque picante la comida está exquisita.

Esta misma mañana amanecimos temprano y nos dirigimos al fuerte, si algo caracteriza a esta ciudad es su fuerte, posiblemente el fuerte habitado más grande del mundo con 3.000 personas en su interior. 


Paseamos por los templos jainistas e hinduista y alucinamos con el palacio del fuerte, aunque los 39 grados no ayudan mucho durante las visitas.


Aprendimos la lección y durante las horas de más calor volvimos al hotel, una excursión en camello nos esperaba. Dicho y hecho, nos subimos hacinados al jeep con una pareja China, un padre y un hijo que se llevan más de 49 años y dos jóvenes que viajaban solos. Sonaba a chiste y así ha sido nuestra tarde noche. 


Más de una hora a lomos de una camella recorriendo el desierto a 25km de Pakistán, disfrutando de unas cervezas sentados frente a la inmensidad de las dunas y seis adultos que sin conocerse de nada disfrutan como niños saltando dunas abajo. 


​​Pero no todo iba a ser de color de rosa, aparte del cielo, de repente todo empezó a oscurecerse y una tormenta asomaba sobre las dunas. El grueso del grupo se quedó a pernoctar y nosotros decidimos volver. Los dos solos, con un conductor que no hablaba nada de inglés, y un granizo en el desierto que nadie esperaba.


Ahora sentados sanos y salvos en el tejado del hotel sonreímos al pensar que bien hicimos en no contratar la noche a la intemperie. 

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Caótica Delhi 


La mañana en Delhi no pudo ser más productiva, mochilas a la espalda hasta la salida del tren a las 17:35. Recorrimos la tumba de Humayun, increíble, un palacio que tomaron como inspiración para la posterior construcción del Taj Mahal. 
En segundo lugar fuimos al Nizamuddin Complex, tras recorrer un mercado de puestos y gente varió pinta, estuvimos a punto de darnos la vuelta un par de veces pero conseguimos llegar a la entrada de la tumba.

Purana Quila es una ciudadela de la 6a ciudad de Delhi. Con su mezquita y la antigua biblioteca donde murió trágicamente Humayun al arrodillarse en las escaleras al rezar.

De aquí nos fuimos a Red Fort donde unos amables turistas nos mostraron el camino para no hacer la cola del infierno, ir a visitarlo un domingo por la mañana no es la mejor idea. Recorrimos los monumentos que se encuentran tras las murallas que no están muy bien conservados. 

Jama Masjid se encuentra tras subir unas escaleras, rodeada de caos, millones de tuc tucs, bicicletas coches y motos juegan al rival más débil alrededor de esta gigantesca mezquita. 

 A mediodía fuimos a Old Delhi la estación de tren más antigua de la capital. Millones de personas la recorren diariamente y nosotros no fuimos menos. Tras el primer vistazo situamos nuestro anden y no sin recelo lo contrastamos con un oficial de la estación para asegurarnos. Comimos lo que pudimos y compramos algo para el largo viaje. Finalmente a las 17:25 apareció nuestro tren y vimos cuales serian nuestras literas para las próximas 17h.

Primeras horas en Delhi 


Tras dos vuelos bastante razonables en el que el primer integrante de la pareja: Arturo flipo con el ordenador de abordo y la segunda integrante: la escritora del blog durmió profundamente. 

La escala en Dubai fue muy corta y la llegada a Delhi solo con una hora de retraso. Delhi nos recibía con una bofetada de calor y humedad y un tráfico desorbitado. 


Vimos el anochecer desde Vijay Chowk la zona presidencial. Donde vive el primer ministro y se levantan los principales edificios del gobierno.


Justo antes de cenar nos acercamos a India Gate atestada de gente un sábado por la noche. 

Siguiendo las indicaciones de Andrés llegamos al restaurante Lodi Garden que tras el pequeño chaparrón nos recibió entre toda su naturaleza. Los platos bastante ricos y la cerveza nos supo a gloria. 

Eso sí el tuc tuc de vuelta o rick-shaw como se dice por aquí no pudo ser en menos tiempo. 

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A pies juntillas


pt30

Son casi las diez de un fin de semana de celebración gitana. Cuando te paras a pensar en todos los tópicos de la crisis de los treinta, no son más que eso, reflexiones que para unos pueden ser muy certeras y para otros no son más que papel mojado. Yo estoy en el segundo grupo. Nunca me ha importado cumplir años, aunque no todos los años han sido tan buenos como estos. A decir verdad mi entrada en la treintena no ha sido buena, ha sido espectacular. La razón principal sois todos vosotros que os pusisteis de acuerdo para montarme un flashmob, que me recibisteis con velas, que comprasteis un montonazo de regalos y me alegráis la vida a diario. Ver como una de mis mejores amigas se grabó bailando en su salón de casa para que todo los demás componentes se aprendieran la coreo no tiene precio. Que Arthur mantuviera el secreto y orquestara a un grupo de jóvenes promesas tampoco. Que el resto se sumara a este pedazo de regalo, sin palabras.

No sé que me deparará el futuro, pero el presente no me puede hacer más feliz. Todavía me sonrojo cuando recuerdo mis 18 junto a Esteban, ese streaper sin excepción bailándome en el salón de casa. Ayer, metida en el ascensor con Bárbara temía muy mucho por mi integridad y su sorpresa, pero el regalo no pudo ser mejor. En mi cabeza Esteban aparecía con su taca taca quitándose la ropa, nada agradable por cierto.

El propio día diez tuvo grandes momentos, como montar uno de mis primeros eventos en un sitio muy especial, brindando con champagne francés con dos  de mis mejores ejemplos a seguir  debajo de una bóveda coloreada. Saboreé comida cubana y recibí mi primer vuelo en globo, con cara de miedo y amor a partes iguales. Hubo llamadas y mensajes de todas las personas que me importan y mucho.

¿La crisis de los 30? En mi caso no ha asomado la cabezota, me gusta en lo que me he convertido tras mi carrera de obstáculos de los últimos 8 años. Solo puedo agradeceros todos los esfuerzos, los detalles, los regalos y sobre todo formar parte de  mi vida. Una persona muy especial me dejaba por escrito ayer que esta década es la de ser quien eres y hacer realmente lo que te de la gana, yo la sigo a pies juntillas.