Metro de Madrid informa

Marcos estaba sentado en el metro, como cada día, aunque hoy era especial había cambiado su metro sur de a diario por el metro de Madrid. Marcos solía diferenciar cada parada por su color en vez de por su nombre.

Iba recostado sobre aquella señora, era rubia peliteñida, maquillada, madura aunque con mirada alegre, pestañas acabadas en r de rimmel, menuda para su edad. Marcos estaba muy abrigado y risueño hasta que se abrieron las puertas del vagón.

Antonio entró decidido arrastraba sus pies algo mugrientos, sus suelas desgastadas y sus ropas roidas. Caminaba a lo largo del vagón con el pelo recogido en una coleta de incontables días sin lavar, las manos enegrecidas y la mirada vacia. Marcos se quedó atónito mirándole, sus ojos no podían quitar la vista de encima del sin techo, sus diminutas piernecitas continuaron dando patadas al aire, mientras su abuela le sujetaba con cariño. Los padres de Marcos le miraban preocupados desde un par de asientos de en frente, y Antonio continuaba con su retaila de sueños por cumplir y dinero que pedir.

Proxima estación Goya, correspondencia con líneas 2 y 4” rompió el silencio de los presentes, se abrieron las puertas del vagón y Antonió desapareció.

Realidades diarias del metropolitano!

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