Había una chica

Había una chica que quería escribir, que quería escribir todos los días y lo hacía. Habia una chica que quería tener algo que hacer aparte de lo normal, que quería trabajar en lo que más le gustaba y moverse de delante de una pantalla de ordenador. Quería una sonrisa para desayunar y un beso de buenas noches, quería echarse unas risas más a menudo.

Había una chica que quería volar, que volaba de vez en cuando pero nunca echaba el vuelo del todo. Había una chica que quería un giro de 180º grados, que quería a un montón de gente, unos se dejaban querer y otros no. Quería una razón distinta por la que despertarse todas las mañanas y ya no quería nada relacionado con lo que le rodeaba.

Había una chica que tenía miles de ideas, que las iba soñando despierta de camino al trabajo, del trabajo al camino y del camino a casa, que las pintaba y pintaba y pintaba pero que no conseguia sacarlas del patrón. Quería un viaje inesperado, un trabajo inesperado, una llamada furtiva y un beso inexplicable.

Había una chica… que por un instante se quedó en blanco

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