Cosquillas por los pies

Tumbada en el templo te das cuenta de que el calor no se hace tan insoportable y el viento sopla y la gente se sienta a contarse sus cosas. Sentada en el templo respiras y miras los edificios  desde abajo, cuando los rayos del sol los van tiñendo y jugamos a ser fotógrafos por un rato. Arreglas y desarreglas el mundo y notas como suben hormigas por los pies, y cosquillas, la hierba roza  los dedos desnudos y los aspersores nos mojan cada vez que cruzamos las escaleras. Otras veces el templo sirve de sofá durante conversaciones que no quieres que acaben, aunque estén recién empezadas. Las risas de fondo acunan sueños y despiertan otros. Suben como cosquillas por los pies, como hormigas que van descubriendo nuevos territorios, avanzan despacito y se alojan en los sitios más recónditos. Entonces te quedas con la sensación de que tienes que volver  más a menudo.

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