Autoterapia, ¡qué se acaba el año!

Cuando te reúnes con otros periodistas te das cuenta del tiempo que hace que no escribes. Hace demasiados meses que no me sentaba frente a la pantalla para volcar mis pensamientos y quebraderos de cabeza. Siempre podemos buscar excusas, excusa número 1: mi ordenador murió ahogado, y qué queréis que os diga, escribir en la Ipad para mi no tiene ni punto de comparación (empezando porque las teclas no suenan). Excusa número 2: vivimos demasiado deprisa. Puede sonar a tópico, este Madrid que nos lleva a todos de cabeza, que cruzamos la capital un par de veces al día, otros días nos movemos en círculos, pero siempre corriendo. Sinceramente, es lo segundo, vivimos deprisa y perdemos mucho el tiempo en ver y leer chorradas.

Nadie dice que escribir o leer blogs sea algo imprescindible, ni mucho menos trascendental. Unos los escriben como forma de desahogarse, otros porque les aclara las ideas. Sin duda, yo me quedo en el punto medio: entre los primeros y los segundos. Escribir me despeja la mente, y si es en soledad, con música de fondo mucho mejor.

Volviendo al tema, se me pasan las semanas volando, quedan 22 días para que termine el año y en 12 meses solo me he sentado a escribir ¡un día! Sin duda, el momento red social nos tiene bastante abducidos. Es cierto, que entramos menos en Facebook pero Instagram acapara nuestros minutos y cuando el chivato del móvil nos cuenta lo que llevamos dedicados a este maravilloso (a la par que traicionero) compañero de vida un escalofrío nos sube por la espalda.

Hay que adaptarse y adentrarse en este mundo social a la par que ficticio, por favor ¿qué madre con 5 criaturas está perfecta y maravillosa al igual que sus retoños? Me repatea el momento que bonita es nuestra vida. Porque la mía, es una vida de la leche. En la que uno curra pero disfruta todo lo que puede y más. Pero ni todo el día estamos todos estupendos ni todos los domingos se desayuna con la vajilla conjuntada y ni una miga en el mantelito individual.

Cuando renombre el blog hace un año lo bauticé “Más cactus y menos lifestyle” y por supuesto que me gusta el lifestyle y hojear revistas donde todo es precioso, pero creo que los bares de patatas fritas y aceitunas son necesarios, y pueden convivir perfectamente con los muebles nórdicos y los cupcakes. Una canción del verano es perfectamente bailable en el chiringuito de turno y un festival hypster enriquecedor también. No debemos dejarnos acaparar por el anuncio de Estrella Damm rodado en playas paradisiacas donde todos somos guapos  y estamos morenos, también hay que darle tregua a Benidorm y a plantar la sombrilla en primera línea cuando toca.

He de decir que a mi Benidorm me ha dado mucho, y lo defenderé a capa y espada. Aunque sea realista y no sea el lugar de veraneo más instagrameable, pero si uno de los más divertidos de mi vida.

Brindemos por los bares de toda la vida, por ir desmaquilladas y en zapatillas en casa, sin la raya del ojo puesta, por los muebles nórdicos que nos aportan paz y por un concierto de IZAL gritando Autoterapia a todo trapo. Si señores, autoterapia de realismo, ¡qué se acaba el año!

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