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Pushkar sin filtro ni aderezo


Abandonamos Udaipur bajo la lluvia y nos dirigimos rumbo a Pushkar. Es una ciudad Santa de peregrinación para los hinduistas. Tiene un lago artificial rodeado por ghats, escalinatas donde se celebran ritos hinduistas y los fieles se bañan para expiar los pecados. Los devotos tienen que visitarla al menos una vez en su vida.


Antes de llegar a Pushkar nos advirtieron que tuviéramos cuidado con algunos lugareños que querrían embaucarnos y pedirnos mucho dinero. Si algo es cierto es que en mi opinión es una ciudad rara, la gente al contrario que en el resto de lugares en los que hemos estado, no es demasiado amable y nos mira de forma diferente. 

Una de sus singularidades es que Alberga uno de los únicos templos Brahma de toda la India. Es un templo curioso formado por lápidas de mármol blanco, los fieles tocan la campana y hacen sus ofrendas a Brahma.


Por la tarde encontramos una terraza con vistas al lago llamada Laura’s donde cocinan platos españoles y occidentales además de indios. Sus dueños son encantadores y el precio es muy económico. 


Sin lugar a dudas para nosotros ha sido una ciudad de paso camino de Jaipur. 

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Jaisalmer: aventura en la cuidad dorada 


Conseguimos llegar a Jaisalmer tras nuestro interminable viaje en tren. La llegada al Zostel Helsinki House no pudo ser más reconfortante una ducha gigante y una cama de 2×2, el cielo tras nuestro cubículo durante mogollón de horas.
Tras reponer fuerzas volvimos a la carga con un calor de mil demonios 39 grados. Recorrimos los tres principales Havelis de Jaisalmer, hay que aclarar que es conocida como la cuidad dorada porque todas sus construcciones se elaboran a partir de una arena de este color. Los palacios pertenecían a las principales familias de la zona que se enriquecieron con el comercio de opio, piedras preciosas y la ruta de la seda. 


Son increíbles las tallas en cada una de sus paredes, ventanas y recovecos. Más tarde nos dirigimos a la puerta de la cortesana “Tilom Ki Pol” que lleva al lago artificial de Jaisalmer que sirvió como reserva de agua durante años. 

Exhaustos volvimos a nuestra humilde morada a reponer fuerzas. Aunque picante la comida está exquisita.

Esta misma mañana amanecimos temprano y nos dirigimos al fuerte, si algo caracteriza a esta ciudad es su fuerte, posiblemente el fuerte habitado más grande del mundo con 3.000 personas en su interior. 


Paseamos por los templos jainistas e hinduista y alucinamos con el palacio del fuerte, aunque los 39 grados no ayudan mucho durante las visitas.


Aprendimos la lección y durante las horas de más calor volvimos al hotel, una excursión en camello nos esperaba. Dicho y hecho, nos subimos hacinados al jeep con una pareja China, un padre y un hijo que se llevan más de 49 años y dos jóvenes que viajaban solos. Sonaba a chiste y así ha sido nuestra tarde noche. 


Más de una hora a lomos de una camella recorriendo el desierto a 25km de Pakistán, disfrutando de unas cervezas sentados frente a la inmensidad de las dunas y seis adultos que sin conocerse de nada disfrutan como niños saltando dunas abajo. 


​​Pero no todo iba a ser de color de rosa, aparte del cielo, de repente todo empezó a oscurecerse y una tormenta asomaba sobre las dunas. El grueso del grupo se quedó a pernoctar y nosotros decidimos volver. Los dos solos, con un conductor que no hablaba nada de inglés, y un granizo en el desierto que nadie esperaba.


Ahora sentados sanos y salvos en el tejado del hotel sonreímos al pensar que bien hicimos en no contratar la noche a la intemperie. 

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Primeras horas en Delhi 


Tras dos vuelos bastante razonables en el que el primer integrante de la pareja: Arturo flipo con el ordenador de abordo y la segunda integrante: la escritora del blog durmió profundamente. 

La escala en Dubai fue muy corta y la llegada a Delhi solo con una hora de retraso. Delhi nos recibía con una bofetada de calor y humedad y un tráfico desorbitado. 


Vimos el anochecer desde Vijay Chowk la zona presidencial. Donde vive el primer ministro y se levantan los principales edificios del gobierno.


Justo antes de cenar nos acercamos a India Gate atestada de gente un sábado por la noche. 

Siguiendo las indicaciones de Andrés llegamos al restaurante Lodi Garden que tras el pequeño chaparrón nos recibió entre toda su naturaleza. Los platos bastante ricos y la cerveza nos supo a gloria. 

Eso sí el tuc tuc de vuelta o rick-shaw como se dice por aquí no pudo ser en menos tiempo. 

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