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Increíble es poco


Estaba mirando el espacio para escribir el título de este post y no se me ocurría ninguna palabra que por sí misma describiera el año 2015. Sé que suena típico pero cuando tu año ha sido una maratón de cambios y de cosas buenas es difícil de definir. Miro a mi alrededor y me encuentro sentada en una butaca con orejas en un salón que hasta hace poco no era el mío y pienso en la suerte que tengo.

Todos los que me conocéis sabéis todo lo bueno que me ha pasado durante este año que termina en unas horas, y unos pocos habéis compartido conmigo las dificultades que todo cambio trae consigo. Me habéis escuchado y empujado, me habéis animado y abrazado en los momentos de incertidumbre y habéis saboreado conmigo las victorias. Si pienso detenidamente, solo hay una constante que se mantiene y sois todos vosotros.

He pasado muchos nervios este año y le he dado muchas vueltas a como sería atreverme a saltar. ¿cómo se verían las cosas desde el otro lado? Hace casi dos años una persona me dejó fuera de juego al preguntarme ¿cómo te ves dentro de cinco años? y mi tímida respuesta no fue otra que la siguiente: “me veo trabajando en cliente y viviendo con la persona que quiera”. La persona que me hizo la pregunta sonrió.

Y de repente, en pocos meses, todo cuadra y suena el teléfono para preguntarte si quieres entrar en el proceso de selección de una importante multinacional. Sabes que no está todo hecho pero hay que intentarlo.

Y entonces la persona que te preguntó sobre tu futuro se muda a tu buhardilla y te apoya en todas las decisiones. Te abraza en los miedos y te soporta en los momentos de tensión. Celebra contigo que sí, que te han elegido y que cambias de etapa. Y todo se vuelve una espiral de despedidas y hasta prontos. Cancelas billetes y te embarcas de lleno en una nueva aventura. Asustada e ilusionada a partes iguales.

Pero te llegan mensajes de apoyo y voces sabias te dicen que confíes, que has trabajado duro y que ahora toca saborearlo y crecer. Y es ahora, desde el salón de casa cuando repasas mentalmente todas aquellas personas que me han ayudado por el camino y que siguen a mi lado.

Hace un rato leía como despedía mi AMIGA en mayúsculas Belén el 2015 y comparto todas y cada una de sus letras. Hay que disfrutar, saborear y querer con locura a todos aquellos que nos rodean. Todos los que nos levantan de los golpes y lloran de alegría con nuestros éxitos. El resto, es relativo, tan relativo como que no merecen ni media línea de mi balance anual.

Os dejo varios de los momentos más especiales del año: La entrega de llaves y firma de contrato en Chamberí. Mi despedida de Sörensen y los lagrimones. Mi Marti cuando le dije en aquel despacho que me iba. Una llamada desde París hace dos semanas que me dejó dando saltos de alegría por la calle. Cuando Babu cerró su contrato para ser una estrella de las ondas. El cumpleaños de Sarini. La comida con mi madre cuando recibí mi nuevo contrato. La llamada de Cristina en un taxi. La cena de despedida en Arts club y la carta que recibí de parte de Pablo. Berlín. Santander.  Asturias. Tazas de café con Miriam. La entrega de mis regalos traídos desde Japón por parte de las chicas. Ese bar de plaza de España con Oscar recién llegado. La canción de Marea cantando a voz en grito con Fito en su cumple.

Os quiero. Al año que viene no le puedo pedir más.

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Gracias


Sentada tras los cristales, la luz ilumina toda la habitación, con la mesa llena de cosas y mi sudadera de Reno Magdaleno, que 28 me parecían suficientes como para agenciarme una y pasar del que dirán. Una botella de agua mineral, vitaminas, el móvil y la cartera, tan pelada como de costumbre.

Y entonces repasas que ha sido de tu vida estos últimos meses, exactamente los últimos doce y te das cuenta de que ha sido un año cojonudo. Comenzó raro, lejos, en otro país para ser exactos y ha sobrevolado varias ciudades. Voló a Marrakech, descubrió el desierto, viajó a varios festivales y se hizo un huequito en el norte. Recorrió Oporto y volvió a la playa. Pero con la mente en el mismo sitio, mirando alto. Saboreando como hacía mucho tiempo las pequeñas cosas. Rodeada de personas que me van mostrando sus valores poquito a poco, que sonríen con toda la boca y que miran transparente. 

Dejando atrás lastres, gente tóxica y creciendo. Aprendiendo a que las cosas nos afecten en su justa medida y dando mucho más peso a los que nos alegran la vida. Compartiendo éxitos y celebraciones. Festejando nuevos trabajos y oportunidades y dando la espalda a todo lo que no nos hace felices. Intentando sobrevivir al entorno, a las malas caras y al no poco esfuerzo que nos cuesta sacar adelante los proyectos y sonreír al día a día.

Pero entonces, llegas a casa, a tu antigua buhardilla, que ha sido “invadida” y se duplican copas, toallas y albornoces colgados sobre el tirador de la puerta. Y se entremezclan los sueños y las risas. Subo la música y bailamos en un universo paralelo, en el último piso de una casa antigua, con ventanucos al cielo. Donde el orden se vuelve caos ordenado y la calma protagoniza los últimos acordes de cualquier canción.

Comentaba hace días que no podía pedirle mucho más al 2015, que no sería coherente, pero creo que hay algo que si debo plantear, aprender de todos los golpes de 2014 para ser mucho más fuerte los próximos 365 días con las personas que me demuestran a diario, lejos o cerca, que están a mi lado.

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Solo puedo decir gracias.

 

 

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Dormir es de débiles


De pronto el sol ilumina toda la habitación, se cuela por el ventanuco del techo, entre tabla y tabla. Abres un ojo y descubres que toda la mesa está llena de paquetes, de envoltorio arrugado y de lazos deshechos. La ropa está tirada, repartida por el salón y a los pies de la cama charla con los cojines que han decidido huir al suelo.

De pronto ves como ese cierto caos se va apoderando de tu día a día y te gusta. Como llevas semanas sin limpiar lo que deberías y sin retomar tus rutinas deportivas porque no te aportan tanto como antes. El sueño se acumula en un tarro en la nevera, junto a las baldas vacías que llevan semanas haciendo eco. Las canciones resuenan es spotify y te lo cantas todo dentro y fuera de la ducha.

Haces equilibrios encima de un taburete con cuidadito de no caerte. Abres regalos, cierras capítulos. Te cuelas en ascensores que te hablan.  Pero con una máxima muy muy clara: dormir es de débiles.

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Entre perros y bicis


Suena a título de coña, pero ultimamente no ha sido tan “de coña” como suena. ¿Os acordáis del post de las mejores noches del año? pues bien, puede que tengamos la continuación. Ultimamente a mi alrededor hay muchas personas y todas con el mismo denominador común (género masculino) que sueltan cosas sin ton ni son. Entablan conversaciones que según les escuchas, tus ojos, cual muñeco animado, se te salen de las órbitas. Descartas reírte en su cara por educación y no por falta de ganas.

Ha habido de todo, desde bicis estáticas que nunca llegan a casa y perros como regalo. También tuvimos el momento cumbre,  cuando alguien me dijo que estaría muy guapa embarazada entre calada y calada. Sinceramente, hay que tomárselo a risa. He tenido un momento denominado “bocata de calamares” o proposición de cita en El Brillante, que como sabéis es un sitio romántico y delicado por excelencia. Imaginaros por un momento cualquiera de estas proposiciones y obsequios desde mi 1’58 de estatura. Con cara de pocker, algunos levantarían una ceja y otros decidimos que game over.

El otro día comentaba con una de mis mejores amigas que podría ser algo generacional o que simplemente estamos más perdidos que un pez en una jaula, pero ahora al ponerlo todo por escrito, creo que es meramente circunstancial y que como decían nuestras madres de pequeños, o al menos la mía, piensa antes de hablar, como máxima.

¡feliz noche!

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Angel driver y otros GPS


Calentando motores me parecía muy buen título para este post, pero sinceramente hace meses que los motores están listos y los vehículos arrancados de largo. Hay días en los que si me lo hubieran dicho hace años me hubiera echado a reír. De repente, me oigo hablando de campeones del mundo, de motores y nuevos modelos y sigo flipando.

Entrando en circuitos y lidiando con todos los contratiempos habidos y por haber. Y sí, hace una semana le dije a uno de los campeones del mundo de rallye que por favor se acreditara para el evento… acto seguido y muy cordialmente me dijo que él era de la casa y sí amigos míos, era el dueño de la escuela donde organizábamos el evento. En ese momento bajas la cabecita y le sonríes pensando lo que me queda por aprender.

Días de madrugones en los que los amaneceres son para recordar y el frío que pasas también. Jornadas enteras al aire libre, llueva o no llueva y rodando de un lado para otro pero cada día tienen más sentido.

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Eso sí subirme a los tacones y descubrir otros campos no ha dejado de tener su aquel 😉

Sexymental como concepto


Sexymental

Y otras formas de decir que no todo son dramatismos como os contaba en el post anterior, ni todo locuras de un día. Hay momentos que tenemos ganas de todo lo contrario. Sexymental pertenece a esa faceta de tu vida entre sexy y sentimental. Nada es completamente superfluo ni tan serio como sentimental.

“Conectados”


No quedan sonrisas conversábamos anoche debajo de la manta. Se han agotado, la gente no sonríe o lo hace forzado. Se han quedado mustios como las plantas que se quedan sin agua los periodos estivales cuando nos vamos de vacaciones. Ellas ven el sol desde dentro de los apartamentos decorados por muebles nórdicos, pero sus hojas no notan su calor. Creo que es lo que nos está pasando, vemos a través de películas, series y sobre todo redes sociales otras formas de vida que cada vez están más lejos de la nuestra. Nunca he envidiado la vida en Beverly Hills ni a las personas vacías pero cada día envidio más esos momentos donde todo da igual. Cuando hablo de todo no me refiero a desfase a tope, sin ningún propósito, pero sí a no pensar. A poder salir una noche sin importar demasiado cuanto te gastes, a planificar unas vacaciones o un fin de semana sin que pase factura a final de mes. A poder trabajar asesorando el estilismo de las personas sin pensar, ¿cómo le voy a cobrar tanto si ni siquiera lo tengo yo al mes para afrontar todos los gastos?

Las calles se ensucian y las conversaciones alrededor giran en bucle, no hay trabajo, no hay dinero, si hay sueños pero cada día nos da más pereza luchar por ellos. Desidia. Tenemos razones para dar las gracias todos los días, por la gente que nos apoya, por ir al trabajo cada mañana y que sea un entorno agradable, por poder hacer una escapada de vez en cuando y permitirnos algún capricho. Pero estamos alelados, decaídos, tristes. Si no es por caso personal es por la persona que tenemos al lado, si, justo en el asiento contiguo. Si no afecta personalmente nos toca indirectamente y coarta nuestros ritmos y decisiones y en el mayor de los casos nos sentimos mal por no celebrar los éxitos personales “con la que está cayendo”.

A mi alrededor y en primera persona nos faltan vitaminas, caen nuestros valores y tenemos astenia otoñal. Y en el fondo tenemos falta de besos, de sonrisas, de compartir momentos y dejar de compartir en redes sociales, que sí está fenomenal ser unos avanzados de nuestro tiempo pero como dije unos cuantos post atrás una mirada tiene muchos más caracteres que todas las redes sociales juntas”. Creo que cada día nos dedicamos menos tiempo a nosotros, a pensar, a sentir y a conocernos. Sabemos cuantos amigos tenemos en facebook, en twitter, si nos han retuiteado o somos los favoritos de alguien, pero en el fondo de los fondos no es suficiente. Tenemos muchos chats abiertos pero nos angustia tanta dependencia, horas de conexiones, contestar al segundo, ¿es necesario? Eramos mucho más felices cuando llamábamos por teléfono si teníamos algún problema o simplemente para ver que tal. Y si no respondías a una llamada era literalmente porque no podías y no pasaba nada. No había una persecución vía todas las redes sociales del mundo posibles si tu quieres dedicarte una tarde a ver una serie y olvidarte del mundo. O a no subas tal o cual cosa a facebook para que menganito no lo vea. O ten cuidado con la hora de conexión no vaya a pensar tal que viste su whatsapp y pasabas de contestar.

Sinceramente en vez de comunicación se convierte en obligación. Y ahora pensaréis en qué ha derivado este post, pero creo fielmente que tantas conexiones nos colapsan y perdemos las ganas de comunicarnos de verdad. Nos abruman cinco grupos distintos sin parar de piar y si sobrevaloramos una sonrisa de lata. Escribo desde mi opinión personal y lo que me rodea, escribo como community manager y blogger. Soy la primera que ve ventajas en la comunicación online e intenta utilizarla, pero creo que a nivel personal, a nivel de enriquecimiento personal, nos está minando.

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Días en los que es mejor no decir nada más

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¿Causalidad o casualidad?


Sentada, rodeada de personas que no conozco, desarrollando mi mundo interior al máximo. Pensando en ¿qué hago yo aquí? ¿quienes son éstas personas? Dando vueltas a ¿qué quiero hacer? y lo más importante ¿cómo lo hago? Un devenir de ideas flotando por la mente depositadas en un único objetivo: sonreír.

Caminando calle abajo riéndome sola de la situación, de mi nueva “profesión” y las ganas que tengo de poder salir de aquí varios días sin preocuparme por nada. Dicen que cuando las puertas se cierran una ventana se abre en otro lugar, que las cosas pasan por algo. Alguien ayer me decía que no cree en las casualidades sino en las causalidades.

Cada día estoy más convencida de que las cosas suceden por alguna razón, que en un primer momento nos devanamos los sesos por entenderlas, y al final nos damos cuenta de que por mucho que queramos controlarlas todo se vuelve patas arriba.

Me quedo con una máxima:

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